sábado, 2 de abril de 2011

Capítulo 1: Algo inusual

"Algo Inusual"



Corría Agosto del año 1997. Por entonces, Dorian y Antón vivían historias distintas y paralelas, siendo dos mocosos de unos 5 años. Ambos tuvieron una infancia ''corriente'', dentro de lo que cabe hoy en día... No os puedo decir mucho más de esta etapa de sus vidas, por entonces yo ni siquiera había fijado mi atención sobre ellos.
Dorian, un crío nacido en Baltimore, víctima de un accidente de tráfico, iba camino de la escuela, murió en el acto, junto con su cuidador, del cual iba de la mano en el momento del accidente.
Son las 23:35 de la noche del día del accidente, el vigilante de la morgue con turno de noche escucha una serie de gritos procedentes de las cámaras. Se adentra en la sala y, atemorizado, abre la cámara que emitía aquellos gritos, se encontraban a medio camino entre un gañido y un alarido. En su interior, un niño, desnudo e histérico. En la puerta de la cámara se podía leer: ''Dorian Frezze''.
En Baltimore, suena el teléfono en casa de la familia Frezze. Extrañada por la hora, y a penas sin fuerzas, debido a la reciente muerte de su único hijo, la figura materna de la familia lo descuelga: ''¿Dí... Digame?''. Segundos después deja caer el teléfono al suelo y rompe a llorar, por decimocuarta vez en el mismo día.


Lo que le sucedió a Antón, también a la temprana edad de 5 años, fue algo muy distinto. Esta vez nos encontramos en Osborne, una pequeña región de Kansas. Una serie de desapariciones tenía consternado a todo el pueblo. Todos los desaparecidos eran niños de entre 5 y 7 años. Ante esto, la edad media de la gente que concurría las calles del pueblo, independientemente de la hora que fuera, había aumentado considerablemente.
Pese a los últimos sucesos, la madre de Antón se mostraba reacia a confinar a su hijo entre cuatro paredes, de modo que salió con el pequeño, un día más, al parque el cual solían frecuentar todas las tardes, salvo que esta vez no habría nadie con quién jugar.
En un descuido de su madre Antón abandona el parque, y se dirige a un pequeño paseo cercano a éste. Mientras camina absorto en su mundo, ve como la mitad de un peluche emerge de una alcantarilla. Asombrado al ver como este se mueve de un lado para otro, con un movimiento casi hipnótico, se dirige hacia él. Una vez se encontraba sobre la alcantarilla, con el peluche sobresaliendo, éste dejo de moverse. Extrañado, Antón lo agarra con todas sus fuerzas y tira de él hacia afuera. Por más fuerza que hacía, el peluche se negaba a abandonar la alcantarilla, cuando de repente, con un brusco estirón proveniente del subsuelo, su forma se pierde entre las tinieblas que ésta albergaba bajo sí. Antón, envalentonado, y dejándose llevar por la curiosidad, se inclina para intentar vislumbrar hacia dónde había ido el peluche. Cual fue su sorpresa al ver dos reflejos, rojos como la sangre, brillar bajo la alcantarilla, quietos, inmutables. Esta escena se había mantenido durante unos segundos cuando, de improvisto, un aullido procedente de aquellos destellos rojos recorrió las galerías que se extendían bastamente a los pies de Antón. Tras esto, los reflejos rojos se desvanecieron, como si nunca hubieran estado ahí.
Antón escucha a su madre gritar, lleva unos minutos buscándolo, acude. Le cuenta insólito a su madre lo que le acababa de ocurrir... Por desgracia para él, sólo tiene 5 años.

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